viernes, 30 de abril de 2010


Mundo prejuicio.

¿Por qué el mundo es tan duro? Por qué uno no puede ser cómo es, por culpa de ese otro que constantemente se encuentra señalándolo con su dedo.
Desde nuestro pasado más remoto, el hombre fue caracterizado como un ser cruelmente juzgador. A medida que pasaron los años, este se desarrollo y su triste característica hizo lo mismo junto a él. Está, muto de media bestia hasta llegar a convertirse en un caballero vestido de traje; pero esa engañosa transformación no nos permite ver más halla, y así poder descubrir que la verdad interna no fue un cambio positivo para nosotros, los hombres; si no que está ha quedado como aquel dicho… “el diablo se viste de seda”. Cuanto más pasaron los años, más cruel es ha llegado a ser y es la característica. Lo peor es que no nos es buena para ninguno de los seres, ya que el que hoy juzga, mañana será juzgado de peor manera.
Cómo puede ser que una persona tenga que vivir con el peso tan gigante de guardarse su verdadera identidad, por el simple hecho del miedo a aquel odioso dedo juzgador. Al miedo a la tormenta que constantemente nos pisa los talones, como pueden ser todas las palabras hirientes y tildadas de ciertas y supremas, que son eternas compañeras de aquel índice. Esas palabras, que en realidad se saben poco ciertas, miedosas, hipócritas, porque jamás se cruzan con los ojos a quien estas van dirigidas.
Cuando una persona logra juntar el valor inexplicable que se necesita para enfrentarse a todo aquel acusado, y de golpe, éste, al escucharlo, salta en aplausos, felicitaciones, admiraciones y valoraciones demasiado pobres por no ser dirigidas en su debido momento.
Pienso y aunque me cueste, me incluyo para que miremos nuestros actos cotidianos frente al próximo, aprendamos de una vez por todas, que no somos nadie para juzgar al de al lado, para hablar como si poseyéramos la verdad suprema.
Entendamos que no va a existir mejor vida que aquella que vivimos sin secretos y bolsos de piedras que nos desgastan interna y externamente.
Cada cual es digno de ser quien es, y eso es lo que en verdad importa, que cada uno se sienta feliz y orgulloso de ser único, diferente y especial como todos los que habitamos este gigantesco mundo.