Día de semana, hora pico del mediodía, subte!! Vagón del subte y a viajar, una, dos, tres no importar cuantas estaciones, lo importante es el hecho de tener que bajar a la casa de las tortugas ninjas y tener que usar por unos momentos su vehiculo… alguien me puede decir que cosa es peor que esa experiencia porteña!!!
Esta bien, inevitablemente es un un transporte económico y rápido, pero hay necesidad de que nos hagan sufrir de semejante forma.
Cada vez que me voy escaleras abajo, siento que en mi, va saliendo la doble personalidad del doctor Jekyll, y cuando camino por aquellos andenes oscuros que recrean en mi mente perversas imágenes, me cruzo con personas que se encuentran sufriendo la misma metamorfosis que vive mi cuerpo.
A lo lejos se ven dos pequeños ojos blancos que se agradan rápidamente. Aquel tren fantasma estaciona y falsamente amigable nos habré sus puertas dándonos la bienvenida a la casa de las segundas personalidades. Ya que con nuestro primer paso en este, la metamorfosis a terminado, ahora, somos todos Mrs. Hyde, miradas chispeantes de cólera, roces y empujones bruscos que se enfrentan. Nuestra piel y pelo se vuelven oscuros y opacos. Nuestra boca fruncida exageradamente no permite que respiremos los aires impuros que nos rodean. Todos nos encontramos a la defensiva a un solo paso de dar el ataque.
Hasta que por fin, el tren vuelve a frenar, las puertas se abren para despedir a personas convertidas y volver a recibir a nuevos pasajeros.
Gracias a la magia de ese casi monstruo, el cual logra adelgazarnos de repente 10 kilos, estirarnos o achicarnos en altura, convertirnos en cuadrados, círculos o rectángulos, conseguimos salir entre el tumulto a través del primer hueco que tenemos disponible.
Como la corriente rápida e incontrolable de un río nuestra personalidad comienza a mutar para que cuando estemos en los últimos escalones que nos permiten ver aquella extrañable luz natural podamos volver a ser nosotros mismos.
Damos así un primer suspiro de felicidad por no haber cometido ningún asesinato del cual nos tendríamos que arrepentir de por vida ya que estaríamos condenados a vivir eternamente bajo tierra! Luego, volvemos a suspirar y sonreír porque de vuelta somos nosotros, alegres y felices, adorando aquella ciudad enloquecida que jamás podrá compararse con aquellos minutos de oscuridad.
Esta bien, inevitablemente es un un transporte económico y rápido, pero hay necesidad de que nos hagan sufrir de semejante forma.
Cada vez que me voy escaleras abajo, siento que en mi, va saliendo la doble personalidad del doctor Jekyll, y cuando camino por aquellos andenes oscuros que recrean en mi mente perversas imágenes, me cruzo con personas que se encuentran sufriendo la misma metamorfosis que vive mi cuerpo.
A lo lejos se ven dos pequeños ojos blancos que se agradan rápidamente. Aquel tren fantasma estaciona y falsamente amigable nos habré sus puertas dándonos la bienvenida a la casa de las segundas personalidades. Ya que con nuestro primer paso en este, la metamorfosis a terminado, ahora, somos todos Mrs. Hyde, miradas chispeantes de cólera, roces y empujones bruscos que se enfrentan. Nuestra piel y pelo se vuelven oscuros y opacos. Nuestra boca fruncida exageradamente no permite que respiremos los aires impuros que nos rodean. Todos nos encontramos a la defensiva a un solo paso de dar el ataque.
Hasta que por fin, el tren vuelve a frenar, las puertas se abren para despedir a personas convertidas y volver a recibir a nuevos pasajeros.
Gracias a la magia de ese casi monstruo, el cual logra adelgazarnos de repente 10 kilos, estirarnos o achicarnos en altura, convertirnos en cuadrados, círculos o rectángulos, conseguimos salir entre el tumulto a través del primer hueco que tenemos disponible.
Como la corriente rápida e incontrolable de un río nuestra personalidad comienza a mutar para que cuando estemos en los últimos escalones que nos permiten ver aquella extrañable luz natural podamos volver a ser nosotros mismos.
Damos así un primer suspiro de felicidad por no haber cometido ningún asesinato del cual nos tendríamos que arrepentir de por vida ya que estaríamos condenados a vivir eternamente bajo tierra! Luego, volvemos a suspirar y sonreír porque de vuelta somos nosotros, alegres y felices, adorando aquella ciudad enloquecida que jamás podrá compararse con aquellos minutos de oscuridad.


